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SIENTO DEJAR ESTE MUNDO SIN PROBAR PIPAS FACUNDO

Una mañana para la esperanza

Una mañana para la esperanza

“Tenía un jefe que no se leía lo que yo escribía. Así que decidí meter párrafos y cosas que atacaban su ideología entre los artículos. No se dio cuenta”. Esta anécdota, que ha pasado por  la cabeza de casi todos los redactores de un periódico, pertenece a Bru Rovira. Rovira es un periodista con una larga trayectoria en prensa escrita. Trabajó para La Vanguardia durante un poco más de dos décadas, dejando un legado de cientos de textos que aún hoy suscitan interés. Este medio le ha permitido recorrer la geografía de los conflictos de los últimos años. De Albania a Bosnia, pasando por África, ha dibujado con sus palabras la realidad social de cada país, la mirada de los otros, acercando a los europeos lo que ocurre más allá de la zona Euro. Lamentablemente para los lectores del rotativo catalán, Rovira abandonó su trabajo allí hace un año, pero no ha dejado de escribir.

Su mirada es viva. Nada hace pensar que ha dedicado más de media vida a este duro oficio que es el periodismo. Optimista, nos comenta a los jóvenes que lo escuchamos en el Taller de Periodismo Digital de Huesca que no está todo perdido, que a pesar de que los tiempos están cambiando es momento de hacer la “revolución”. Una revolución pacífica donde “no hay que destruir el Palacio de Invierno, sino tomarlo para transformarlo”. Buen consejo. A diferencia de muchos motivadores de conciencias, da alguna pista de cómo hacerlo. Escribir por encargo es uno de ellos. “Podéis llevar vuestros proyectos a las onegés. Os pueden financiar”, comenta. Dentro del mismo sistema apunta a la museística como otra solución. “Gervasio Sánchez lo hace. Las Cajas o los museos le pagan y luego exponen sus trabajos”.

Sus palabras nos conducen por el camino esperanzador de que el periodismo no está muerto, por lo menos el bueno. Entre conversaciones y recuerdos del viajante, el grupo llega a la conclusión de que la crisis de la prensa en gran parte es por culpa de los contenidos. Con Google como gran Dios de la información y la fibra óptica a mano, el papel tiene que dar algo más, un plus. Para lograr ese beneficio añadido “hay que salir a la calle”. “El periodismo ahora mismo se ha convertido en personas sentadas en la redacción que hacen las noticias desde allí”. Pérdida de calidad. “Cuando yo era jefe de la sección de Espectáculos en La Vanguardia, les decía a los que trabajan para mí que no los quería ver allí, que salieran a la calle y que no volvieran hasta la tarde”. Razón no le falta.

Rovira advierte que hay que tener los ojos bien abiertos y que en el mayor desierto un simple grano puede ser una historia interesante. Un bar en medio de Albania puede servir para explicar el proceso de apropiación de terreno en el país. Un teléfono de un contacto en la misma sección del periódico es capaz de hacerte descubrir una supuesta red de trata de menores…Historias en las que avisa: “Hay que ser escépticos. Ni los buenos son tan buenos, ni lo malos tan malos”. Huir del maniqueísmo para no caer en el fanatismo.

Sus palabras nos guían por el romanticismo que ha hecho de muchos de los presentes unos eternos aspirantes a escribir una buena historia. No obstante, a pesar de todo lo expresado en la sala, el pesimismo no abandona a una generación maldita harta de ver cada día todo lo que no debería ser y es. De dejar las decisiones a los anuncios, de olvidar la voz de quienes no compran periódicos o simplemente de disponer de una tarifa plana en el móvil…

 

La fotografía pertenece a Bru Rovira de su serie Maternitats.

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