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Historias familiares

Historias familiares

Hoy que tenía la posibilidad de comer en casa por primera vez en toda la semana, he tenido comida familiar y como no podía ser de otra manera, ha sido en un restaurante. Comer en familia siempre es un placer, y más cuando salen a la luz historias de nuestros antepasados que nos eran desconocidas hasta ese instante.

Mi abuela no ha venido, pero hemos terminado hablando de su juventud. Ella es orihunda de Teruel, y por mucho tiempo que haya vivido en Zaragoza, sus mejores recuerdos son de los 26 años que allí pasó. Esta última semana se la ha pasado hablando de Manuel Pizarro, otro turolense como ella. Orgullosa me decía: "Yo llevaba leche a sus abuelos maternos y su tía abuela Asacia tenía la farmacia. Siempre han sido una familia de bien". Tras la guerra, la familia de mi abuela perdió las vacas, así que la leche con la que se crió Manuel no es la leche de mi familia. Mala leche, pues.

Luego, la conversación ha sido más estrambótica, ya que hemos terminado hablando de monjas. Mi madre nos ha contado como surgió el amor entre dos nuncias del colegio al que iba allá por los años 60. Una era profesora de matématicas, otra de música. Muchas horas juntas en el convento. Las pillaron. Las separaron. Se llevaron a otro convento a la más joven. Mi madre recordaba como la de matemáticas, que fue la que se quedó, dio una temporada las clases con gafas de sol. Llevaba los ojos rojos de tanto llorar. El amor venció a Dios, y ambas abandonaron los hábitos. Según mi madre, vivieron juntas hasta que la muerte las separó.

No ha habido más historias porque ya era la hora de que mi hermano volviera al trabajo. Por cierto, el café nos lo hemos tomado en un bar que no sabría como calificarlo. Es nuevo. Creo que se llama Moss, situado en el paseo Constitución, junto a Radio Zaragoza. Estilo Rococó. Caro de narices, pero diferente. El Apunte: eran las 16 de la tarde y muchos de los clientes estaban bebiendo Gin Tonic.

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3 comentarios

jcuartero -

tan poco fue tan caro, que nos sacaron pastas de té
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Rebeca -

de todas maneras la mejor historia jamás contada es la del bisabuelo adoptado. No por buena, sino por las veces que la habremos escuchado...jejeje

Mireya -

Si es que deberíamos pasar más tiempo al lado de nuestros queridos yayos para que nos contasen sus historias, que son tan diferentes a las de ahora.
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